Tótem

Era un pequeño amuleto que llevaría siempre consigo en su cuerpo, un talismán que simbolizaba, como otros tantos, un viaje iniciático. Se trataba de una especie de resguardo para que no olvidara que la existencia en el mundo consistía en iniciar el camino hacia lo desconocido, un sendero que seguir con la finalidad de penetrar y regresar con éxito del laberinto que cada uno vamos confeccionando según avanzamos dando los pasos necesarios, no se trataba sólo de un simple juego infantil.

Aquel símbolo palpitaba con ella como si al estar en su cuerpo fuera cobrando vida, meciendo todas sus líneas al ritmo de su respiración. Necesitaba pensar, buscar calma, por eso decidió tumbarse a contemplar el cielo y concentrarse en las formas que las nubes iban adquiriendo en evolución continua.

Se sentía agotada de cuerpo y mente. Su mente estaba ya cansada de tanto agitar pensamientos e ideas que asediaban todo su espacio. Precisaba desconectar urgentemente de ese asalto constante, que no dependía de que ella encontrara la solución al cerco, ni de cómo hiciera frente al acoso.
Por eso decidió que la mejor opción era tumbarse y dejarse llevar por las nubes y las formas que iban creando para ella.

Sin saber cómo su mente se centró en su insignia y sus dedos comenzaron a rozarlo suavemente, como adivinando los trazos del dibujo que le daban forma. Cerró los ojos y se trasladó, de una forma involuntaria, hacia el espacio e imagen en el cual de una forma simbólica él se lo entregaba.
Seguidamente, tras evocar esa donación no ocurrida, sus ojos se tornaron brillantes, en ellos se podía contemplar la ilusión, y en su rostro empezaba a asomarse tímidamente una sonrisa que, una vez más, lograba emocionarla, como cuando se iluminan los ojos de los niños la mañana de Reyes.

Ella era pura explosión de sentimientos. El significado de aquel símbolo, la forma en la que él se lo presentó, el hecho de que quisiera compartirlo con ella, era como si él ya supiera de antemano que darle a conocer aquel juego iniciático se iba a convertir en el mayor de los regalos, pasando a ser el tótem de su vida. Empezó, así, primero una lágrima a emerger de sus ojos, a la que luego le siguieron varias más. Resbalaban suavemente por su cara, algunas quedaban atrapadas en sus labios, otras más rápidas conseguían deslizarse hasta llegar a su cuello donde, cual mariposas dulces, se posaban en aquel recuerdo impreso en su piel. Un recuerdo que acabó convirtiéndose en su amuleto especial, un símbolo de la especial conexión de amistad, de confidencias, de salvavidas y de amor que había entre ellos, una unión que, como la del hilo rojo, seguiría acompañándola a lo largo del camino de su vida. Un viaje que se iniciaba con una piedrita desde la Tierra al Cielo.

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