Crisis de humanidad

Al mundo le siguen pasando más cosas además del coronavirus. Cuando pongo un telediario o navego por internet para leer la actualidad en varios diarios digitales me vienen a la mente preguntas como: ¿Desaparecieron del mundo el resto de “males”? ¿A quién compensa tenernos totalmente desinformados por una sobreinformación “coronavírica”?

Leyendo una de las múltiples noticias del virus, me pregunté cómo estaría afectando esta pandemia en los campos de refugiados donde viven hacinados miles de personas (hombres, mujeres, niños…). Por ejemplo, en Lesbos donde creo recordar que hace unos meses ya acogía cerca de 20.000 personas cuando su capacidad era para 2.500, y donde la mayoría de ellos siguen esperando respuesta a su petición de asilo, mientras malviven, y sobreviven, en unas condiciones deplorables. En estos campos de refugiados que se encuentran sobresaturados las medidas sanitarias recomendadas por la OMS para prevenir la propagación del virus (lavado de mano frecuentes, distancia de seguridad de 1,5m a 2m) deben resultar totalmente imposibles. Esta pregunta se queda en mi cabeza durante todo el día, como un runrún constante, y una vez más, vuelvo a pensar en el papel que juega Europa.

Hay que modificar la ley migratoria de una vez por todas, empezar a tomar soluciones reales cuyo objetivo sea acabar con una de las mayores vergüenzas de Europa y del mundo. Seguir mirando a otro lado mientras continúan muriendo ahogados miles de seres humanos, vengan del país que vengan, tengan el color de piel que tengan, nos convierte a todos los que hemos tenido la suerte de estar en el otro lado en cómplices de este genocidio a mar abierto.

No puedo evitar pensar en nuestro presente en que unos estamos más confinados que otros, pero todos con “miedo a contagiarnos”. El mundo se siente vulnerable, tiene miedo a morirse. Entonces es cuando comparo nuestro miedo con el de todos aquellos que llevan años huyendo de persecuciones políticas, religiosas, del hambre, de la explotación sexual, de otras enfermedades. Ese miedo que les empuja a jugarse la vida como única salida. Jugarse la vida a mar abierto con la esperanza de poder continuar viviendo. Morir o arriesgarse a intentar llegar a costa, morirse de sed o ahogado, morir torturado o violado, morir en un centro de detención cuyas condiciones de salubridad son denigrantes o que te retengan las milicias privándote de tu libertad, torturándote, extorsionado a tus familiares, que te vendan como si fueras mera mercancía.

Es Europa, a través de sus distintos órganos, la responsable de todas esas y otras atrocidades que se cometen todos los días.

¿Cuándo van a ponerse a trabajar, junto con otros países del norte africano para tratar de desmantelar a las redes que trafican con personas? Personas que son capaces de aprovecharse para sacar beneficio de esta triste vergüenza. ¿Cuándo vamos a despertarnos para recordar que todos queremos lo mismo? Vivir. 

La ilegalidad no la cometen las ONGS al salvar a todos esos valientes que lo único que quieren es vivir arriesgándolo todo, incluso sabiendo que pueden morir ahogados. La ilegalidad es de todos los países que, por ejemplo, no respetan el Derecho Internacional Marítimo que OBLIGA A SALVAR A TODO NÁUFRAGO VENGA DE DONDE VENGA. Países como Italia, en el que su guardia costera sabe cómo “desaparecer del mapa” durante unas horas y así poder asegurarse de no tener a nadie a quien rescatar, o como Libia en el que su propia policía es la que se “encarga” de violar, torturar o trasladar a los centros de detención de las milicias a todos los que quieren sobrevivir.

Sobrevivir uno de los instintos más primarios, que tenemos todos los seres vivos.  El mayor enemigo del ser humano es el propio ser humano, eso es lo más vergonzoso.

Lo que ocurre desde hace varios años en el Mediterráneo dejó de ser una Crisis Migratoria, para convertirse en una Crisis de Humanidad (una crisis de humildad si me apuras). ¿Cuándo la empatía, la solidaridad dejaron de ser importantes? ¿Cuándo normalizamos el “Sálvese quien pueda”?  ¿Cuándo dejamos que ser humanos?

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