Confinamiento reflexionado

¿Se puede estar presente sin estarlo? ¿Podemos estar presentes sin contacto? ¿Se puede tener contacto, sin tocarnos, sin tacto? 

Creo que pocas veces he llegado a sentir lo que por definición, más que por lo que yo sentía, se tiende a llamar casa, o dicho de otra forma, creo que nunca, al menos hasta la fecha, he llegado a sentir que pertenezco a un único lugar. Lo que si puedo afirmar es que llevo desde que soy chica esforzándome por pertenecer y formar ese lugar. Intentando ser y estar donde mi cuerpo se encontraba físicamente pisando tierra firme haciendo contacto y tocando aquello que conseguía hacerme sentir tranquila, cuidada,… Querida.

Sin embargo, después de unos días fuera de ese lugar donde vivo con mis hijos, familia, y amigos, donde realizo mis rutinas y donde anclé esa necesidad de pertenecer a un lugar concreto, una necesidad que parece que todos necesitamos, siento que esa pertenencia no es sólo de un lugar concreto. Mi ancla, mi pertenencia, es una de la que forman parte todos los que quiero y siento que son mi familia, la de sangre y la elegida, sin importar si pueden estar presentes con contacto o sin tacto, porque todos ellos han conseguido que yo pueda sentirlos como mi refugio, mi casa. Ellos son mis raíces, gracias a todos ellos soy quien soy, ellos me han dado una parte suya y yo les he dado una parte mía, sin pactos de ningún tipo son trueques que fluyen sin más. Todos han conseguido llenarme amor, de calma, regalándome vida. Gracias a ellos no soy una apátrida, gracias a mis raíces siento mi patria en muchos lugares. Por eso me empeño en mantener esos vínculos “invisibles” bien fuertes, estando con ellos sin estar presente, estando presente sin contacto, contactando con ellos sin tacto.

Cuando dudo de la existencia de esos vínculos no visibles, de esos hogares con los que no existe todo el contacto que se desea recurro a mi enorme caja de recuerdos para hacerlos presentes y poder tenerlos de nuevo haciendo contacto conmigo. Estos recuerdos cogen fuerza y se anclan haciéndose visibles a través de fotografías, olores, sabores, canciones, películas, libros,… Yo por si acaso prefiero escribir algo sobre ellos, sobre mi amor por ellos, para asegurarme y darles todo el peso que pueda, no vaya a ser que llegue una corriente de aire y haga q mis raíces se levanten y yo acabe cayendo en tierra de nadie.

Con el confinamiento a muchos que no conocían aquello de quererse y estar presentes sin contacto les surgen dudas tipo:¿Cómo puedo demostrarte mi amor si no puedo tocarte? ¿Cómo puedo transmitirte las ganas inmensas que tengo de verte, si al verte no puedo abrazarte? Yo solo conozco una respuesta, y puede que no sea la correcta pero a mí es la que me funciona, con palabras. Conversando, hablando, contándole al que se encuentra al otro lado lo que sentimos, cómo lo sentimos, haciéndoles presentes y haciéndonos presentes nosotros con ellos.

Ahora bien, tengo y quiero confesar algo que siento y no manera de camuflar: desde este lado del charco mi mente echa de menos debatir con la tuya, mi amor extraña tu amor, mis ojos echan de menos mirarte y perderse en los tuyos hasta encontrarme de nuevo al verme reflejada en ellos, mis manos extrañan las tuyas esas que parecían saludarse como viejas conocidas la primera vez que fueron presentadas, mi cuerpo extraña tu cuerpo, y créeme he probado cambiar la posición y no hay manera echo de menos tu cuerpo en cualquier posición junto a mí cuerpo. Extraño tu tacto que me hace respirar calma, cerrar los ojos y saber que por fin he vuelto a CASA.

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